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Entre las dificultades con que tropieza la continuación de las actividades psicoanalíticas cabe mencionar la falta casi total de libros y revistas (es probable que la mayor parte de los libros psicoanalíticos pertenecientes a la Biblioteca del Instituto hayan sido sustraídos por los alemanes); la imposibilidad de publicar libros, y la creciente dificultad de analizar a un caso con cierta regularidad, dado que algunas veces el analista, y otras el enfermo, se ven forzados a “desaparecer”. La situación se tornó tan precaria en 1944, que el doctor Lagache únicamente pudo conservar un solo paciente y tuvo que renunciar a tomar otros enfermos.
En las conferencias teóricas de la Facultad, los conceptos psicoanalíticos continuaron oupando un amplio lugar en la enseñanza de la psicología general, de la psicología infantil, de la psicopatología, y un lugar prominente en la técnica de la psicología humana. Nunca pudimos resignarnos a ocultar el nombre de Freud, y los psicoanalistas siguieron despertando el interés más atento entre los estudiantes.
Diversas necesidades educacionales y prácticas nos llevaron a utilizar los