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La literatura médica actual ha introducido numerosos conceptos psicoanalíticos al amplio campo de la medicina; entre otros se encuentra el de la transferencia (1, 2). Aquellos que se interesan por la comprensión psicosomática de las enfermedades se dan perfecta cuenta de su importancia. El paciente común mantiene un vínculo con su médico que, bajo todos sus aspectos, se asemeja a la transferencia psicoanalítica. En su consulta al profesional, el enfermo adopta una actitud que guarda antecedentes. Se trata de una nueva edición de las actitudes tomadas frente a otros médicos, maestros, padres y figuras que representan autoridad, o personas que han tenido importante figuración en su vida. Gran parte de dicha actitud es inconsciente y contribuye, de acuerdo con su contenido, a allanar o entorpecer los esfuerzos terapéuticos. De ahí que los médicos empiecen a comprender el papel que desempeña la transferencia en el diagnóstico y la terapéutica.
En la técnica psicoanalítica, un estudio sobre la transferencia sería incompleto en tanto no considerara la contratransferencia; o sea, su reverso. En el sentido más amplio, la contratransferencia, es la posición —racional o irracional, científica o emocional, consciente o inconsciente, adecuada o anacrónica— que adopta el médico frente a sus pacientes. Por lo tanto, sería provechoso añadir a lo ya escrito acerca de la transferencia “psicosomática”, algunas breves observaciones sobre su correspondiente contraparte; siempre y cuando este tópico sea tratado en forma general y se limite a las técnicas médicas comunes.
En la literatura psicoanalítica existen varios estudios de valor sobre este punto; por lo práctico y sencillo, el de Ferenczi es quizás el mejor (3).