You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El componente instintivo sexual de la escoptofilia o placer de mirar, está sujeto, al igual que su contraparte, el exhibicionismo o placer de mostrar, a numerosas restricciones y transformaciones. En circunstancias normales, ambos instintos, que en la temprana infancia se expresan libremente, sufren más tarde una considerable represión y sublimación. En los psiconeuróticos, estos instintos se encuentran inhibidos y transformados en un grado mayor que en los individuos normales, llevando a cabo al mismo tiempo una lucha continua contra las fuerzas de la represión.
En un breve trabajo, Freud (1) estableció ciertas formas de pensamiento que abren el camino hacia una comprensión más profunda de las inhibiciones y transformaciones neuróticas del instinto escoptofílico. Utiliza su teoría sobre las zonas erógenas y los componentes instintivos, y dice con respecto al instinto escoptofílico y su zona erógena, los ojos, lo siguiente: “Los ojos, no sólo perciben aquellas modificaciones del mundo externo que son de importancia para la conservación de la vida, sino también los atributos de los objetos, «sus encantos», por medio de los cuales pueden ser valorados como objetos de selección erótica. Percibimos ahora la verdad que encierra el decir que nunca es fácil servir a dos amos al mismo tiempo. Cuanto más íntima sea la relación de un órgano que posee tal dualidad de función con uno de los grandes instintos, tanto más se rechazarán mutuamente.”
La intensificación del impulso escoptofílico o su dirección hacia objetos prohibidos, origina un conflicto en la vida instintiva del sujeto. En el mismo trabajo dice Freud: “Si el componente instintivo sexual que utiliza la vista, «la codicia sexual del ojo», atrae sobre sí alguna medida vengativa por parte de los instintos del yo, a través de sus demandas exhorbitantes, de tal