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El autor, prestigioso antropólogo y psicoanalista, investigando las costumbres de tribus que aun viven en el estado más primitivo confirmó en numerosos trabajos muchas de las opiniones sustentadas por Freud, contribuyendo en alto grado al esclarecimiento de la evolución general de la cultura humana.
En el presente libro, de gran interés para psicoanalistas y sociólogos, estudia los niveles más tempranos de la infancia del individuo; el fundamento de la formación de la sociedad, el de la guerra y del crimen.
Partiendo de la hipótesis de que además del Eros o tendencia a unir es innata también en el hombre la agresividad o tendencia a separar y que ambas se alteran entre sí, explica, tomando como base la unidad-dual o situación madre-hijo, el origen Je las estructuras y mecanismos psicológicos y la influencia que aquélla ejerce en la formación de los destinos y de las sociedades humanas.
El niño comienza su vida en una situación en la que él y su madre constituyen una unidad y al mismo tiempo los dos elementos de una unidad. Frustración significa ausencia de la madre y satisfacción su presencia. Repetidas frustraciones van enseñándole a descubrir los límites de su yo y la existencia de la realidad. Aunque a medida que se hace adulto la unidad-dual gradualmente decrece, la naturaleza humana sigue manteniendo como una ficción lo que ya no es realidad y de allí las ideas de la sociedad como un “cuerpo” cuyos “miembros” son los individuos que la integran. En estas ficciones nos aferramos al pasado y al que también tratamos de hacer revivir formando sociedades. El lazo que une madre e hijo es el fundamento de la formación del grupo. Prueba concluyente de ello se ve en el simbolismo oral de los ritos realizados por tribus primitivas al celebrar cualquier pacto o convenio o en ocasión de incorporar algún nuevo miembro a la comunidad.
Los límites del yo y del no yo (mundo exterior) están determinados originariamente por las sensaciones de placer y displacer (todo lo bueno es el y