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Reservan la denominación de incontinencia de orina para aquellos casos en que la falta de control urinario es atribuíble a factores orgánicos y de enuresis para aquellos en que no se evidencian elementos patógenos físicos, y que en cambio la falta de control del esfínter vesical es atribuíble a factores psicológicos.
La terapéutica en estos casos debe dirigirse al niño enurético y no a la enuresis como entidad, ya que la enuresis como síntoma forma parte de un cuadro total de perturbaciones. Con este enfoque estudian siete casos de enuresis, 3 continuas y cuatro con períodos de mejoría, llegando a las siguientes conclusiones: 1) Conviene separar dos cuadros de falta de control del esfínter vesical a) la incontinencia de orina de origen orgánico (espina bífida, epilepsia, malformaciones, disendocrinias, etc.) y b) la incontinencia psíquica para la que debe reservarse la designación de enuresis. Este cuadro abarca la gran mayoría de los casos de falta de control del esfínter vesical que se observan en la clínica pediátrica.
2) La enuresis (incontinencia psicógena) no constituye una enfermedad con una causa única determinante ni una patogenia siempre igual. Debe considerarse como un síntoma dentro de un cuadro de perturbaciones de la personalidad y la conducta. Una y otras son determinadas por las mismas causas y forman parte del mismo proceso.
3) El tratamiento de la enuresis, síntoma psicógeno, debe tener en cuenta fundamentalmente los factores de orden psíquico que lo han originado y debe tender a la curación del trastorno de la personalidad o el desarrollo de que forma parte. La intensidad y el tipo del tratamiento varían, por lo tanto, en relación con los factores que intervienen. Puede consistir desde lo más simple hasta lo más complejo: en la educación de los hábitos la modificación de factores y actitudes en el ambiente y en el tratamiento psiquiátrico directo (psicoterapia) de duración variable.
4) Desde el punto de vista preventivo es importante para el pedíatra