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El autor empieza su interesante trabajo con un breve resumen histórico de lo que hoy en día llamamos medicina psicosomática, pero que, como concepto, ya era conocido en la edad clásica. Fué Sócrates quien afirmó que el cuerpo no puede ser curado sin la mente. El autor cita médicos de distintas épocas que sostenían el mismo punto de vista. Habla del gran progreso que significa para la medicina moderna abandonar la consideración aislada del órgano enfermo, por comprender que la enfermedad es el resultado de un conflicto de adaptación de las fuerzas biológicas instintivas o psíquicas a su realidad exterior o interior. Destaca el papel fundamental de Freud por capacitarnos para llegar a este concepto y poder descubrir el origen psíquico de numerosas enfermedades, consideradas hasta hace poco como orgánica. Menciona a las doctora Flanders Dunbar y al doctor Franz Alexander como los médicos más destacados de la escuela psicosomática estadounidense. Como precursor argentino nombra al doctor Corbellini y, como representantes de los conceptos psicosomáticos en la actualidad, a los doctores Crespo y Pellegrini, además del grupo psicoanalítico argentino.
El autor explica luego la acción del psiquismo sobre lo orgánico. Enumera cantidad de fenómenos patológicos de naturaleza muy diversa que todos pueden ser provocados por factores emotivos. Llega a la conclusión de que la influencia anímica halla su expresión máxima en todos los trastornos orgánicos que revelan una distonía neurovegetativa.
La parte más importante de la publicación está dedicada a la especialidad del autor. Insiste que un buen ginecólogo y médico obstétrico ya no puede prescindir del enfoque psicosomático. Enumera trastornos que en muchos casos evidentemente tienen un origen psíquico: el prurito vaginal, la dismenorrea, la dispareunia, el vaginismo, la emesis gravídica, el aborto espontáneo, etc. Explica como la emesis gravídica encubre casi siempre un rechazo de la mujer embarazada contra su estado. Cita varios