You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
El autor describe la celebración de una fiesta católica en Holanda, del día de los Santos Inocentes. Ésta se festeja el 28 de diciembre, pocos días después de la Navidad. Las dos fiestas se siguen en un intervalo tan corto porque Herodes ordenó el asesinato de los niños de Belén inmediatamente después del nacimiento de Jesús y la profecía de que éste sería el futuro rey de los judíos. Entre estas dos fiestas está el día de San Esteban —en memoria de su martirio— quien fué apedreado por rebelión contra las leyes judías y por su fe en Jesucristo.
Freud nos interpretó el sentido más profundo del pecado primitivo, la culpa colectiva de la humanidad, por la cual Jesús fué crucificado. Según la ley del Talión y analogía con otras religiones y costumbres totémicas, este pecado puede haber sido solamente el asesinato del padre.
El autor deduce de la manera, como se festeja el día de los Santos Inocentes, que también ellos habían expiados este mismo pecado primitivo por su muerte. Precisamente por eso el día de los Santos Inocentes sigue inmediatamente a la Navidad, la fecha del nacimiento de Jesucristo. Según la costumbre holandesa, en este día el hijo menor de la familia debe ponerse la ropa del padre o de la madre y mandar a su antojo en la casa. El niño o la niña ocupan completamente el lugar del padre o la madre. Por esta costumbre el deseo inconsciente del chico encuentra su satisfacción, en forma disfrazada, de poder alejar al padre o la madre y ocupar su lugar. Para expiar estos deseos sexuales y agresivos, los niños de Belén tenían que morir.
El autor opina que la comprensión de la fiesta de los Santos Inocentes nos aproxima más a la inteligencia de la historia sagrada y sus analogías amplias con la leyenda de Edipo. Si aceptamos que Dios y Herodes son representantes simbólicos del padre, reconocemos lo idéntico en los actos de Herodes y del rey Layo y del destino de Jesús y Edipo. La agresividad del padre contra el hijo se manifiesta en la matanza de Belén. La compren