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La muerte de Otto Fenichel deja un vacío en el mundo psicoanalítico, que no podrá ser llenado jamás. Su importancia como investigador será reconocida en debida forma por todos sus amigos y colegas. Pero yo, que he sido su alumna en el “Instituto Psicoanalítico Berlinés” durante varios años, quiero decir lo que significaba para nosotros, sus discípulos.
Fenichel vivía dentro y para el psicoanálisis. No constituía para él únicamente la base de su profesión. El psicoanálisis era el fundamento de su weltanschauung, dictaba el contenido y la forma de su vida. Era su patria, que llevaba dentro de sí a cualquier parte donde su destino le mandaba. Y en ésta, su patria, nos introdujo a nosotros, sus alumnos. Era menos intuitivo que intelectual, pero siempre conservaba el profundo admirari del cual nos hizo participar. Los fundamentos de su gran don de enseñar eran la claridad y lógica de su pensamiento y su memoria extraordinaria, que le capacitaba, por ejemplo, para dar la cita bibliográfica de cualquier frase de Freud con toda exactitud. Su agilidad espiritual nos hizo vivenciar la enseñanza analítica siempre renovadamente. En sus seminarios sobre los historiales clínicos de Freud seguía y exponía cada caso con tanto interés y curiosidad científica, como si lo conociera por primera vez. Le interesaba cualquier pregunta o duda y las discutía extensamente. Como todo verdadero maestro nos instaba a que buscáramos solos nuestro propio camino e intervenía únicamente si necesitábamos de su ayuda. No existía ningún fenómeno de la vida que no le interesara investigar e interpretar. Bajo su guía aprendimos a aplicar la técnica interpretativa a diversas manifestaciones tales como la novela, los cuentos de hadas, los problemas sociológicos, etc. Durante los años en que le seguimos asistimos siempre con el mismo entusiasmo y el mismo provecho científico a sus seminarios.
La claridad y rapidez de su pensamiento hacían de él un adversario temible en las discusiones científicas de la asoci