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En septiembre de 1945 murió en el pequeño pueblo Huletts Landing sobre el lago George en el Estado de Nueva York, a la edad de casi 80 años, una de las figuras más destacadas de la neuropsiquiatría norteamericana, el doctor Smith Ely Jelliffe. Ninguna revista que se ocupa de neuro y psicopatología debería dejar de recordar la desaparición de esta figura patriarcal; pero menos aún lo puede hacer una revista de psicoanálisis. Se puede decir, en efecto, que con excepción de Brill, nadie ha hecho más que Jelliffe para conquistar las tierras de América para el pensamiento psicoanalítico, y que se debe en gran parte al vigor y al magnetismo de su personalidad el que el psicoanálisis se haya impuesto en Estados Unidos tan rápida y sólidamente.
No deja de ser notable que un hombre de tan indiscutible talento para las tareas neuropsiquiátricas en general y el pensamiento psicodinámico en especial, haya llegado tan tarde a la neuropsiquiatría y al psicoanálisis. El mismo habló en un discurso pronunciado en el XXI aniversario de la Sociedad Psicoanalítica de Nueva York de su “odisea freudiana”, y es, por cierto, un hecho que pasó más de una vez entre Scylla y Caribdis y resistió al canto de muchas sirenas