You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
Súbitamente, ¡oh maravilla!, del tosco marco con borla irradiaron trémulos rayos color de nieve y color de oro. El vidrio se rompió al medio con el fragor relampagueante de una puerta del cielo. Y desde dentro, el Cristo en su madera, sin desclavar los brazos, pareció deslizarse hacia mí … Y entonces sentí vagamente, como si fuera el rumor manso de la brisa entre jazmines, una voz reposada y suave: … “Yo no construyo los episodios de tu vida; asisto a ellos y los juzgo plácidamente … Sin que yo me mueva, sin que intervenga una influencia sobrenatural, tú puedes descender aún a miserias más torvas o elevarte a los productivos paraísos de la tierra y llegar a ser director de an Banco. Eso depende meramente de ti y de tu esfuerzo de hombre … ¡Escucha aún! Me preguntabas hace poco si me acordaba de tu rostro. Yo te pregunto ahora si no te acuerdas de mi voz … Yo no soy Jesús de Nazareth, ni otro Dios creado por los hombres. Soy anterior a los dioses transitorios; ellos se transforman dentro de mí, dentro de mí se disuelven y eternamente permanezco en torno de ellos y superior a ellos, concibiéndolos y deshaciéndolos, en el perpetuo esfuerzo de realizar, fuera de mí, el dios absoluto que en mí siento. Me llamo la Conciencia; soy en este instante tu propia conciencia reflejada fuera de ti, en el aire y en la luz y tomando ante sus ojos la forma familiar bajo la cual,