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Agradezco a la Sociedad de Pediatría y Psiquiatría de Montevideo el honor que para mí significa esta invitación para hablarles del psicoanálisis de los niños.
El interés de los pedíatras por el psicoanálisis está ampliamente justificado por lo que hoy conocemos de la relación íntima existente entre ciertos trastornos somáticos y los conflictos psíquicos.
La enuresis, la anorexia, el asma, trastornos de conducta, fobias, dificultades educacionales, inadaptabilidad, perversiones y muchos otros trastornos, reciben una nueva luz enfocados desde el punto de vista psicoanalítico.
Si pensamos que la labor frente al niño es no sólo curarlo sino prevenirlo de trastornos futuros, no hay rama de la ciencia médica más ligada a la higiene mental que la pediatría, ya que en manos del pedíatra está no sólo la orientación física y psíquica del niño sino también la posibilidad de regular la relación de éste con su madre y familiares. La experiencia analítica nos muestra diariamente el valor de ciertas medidas ambientales y orientaciones en la dirección del niño que hacen desear cada vez más, hasta hacerlo imprescindible, el acercamiento de la pediatría al psicoanálisis.
Hoy les hablaré a ustedes de cómo surgió el psicoanálisis de niños y de cuáles son las corrientes más importantes en esta rama de la psicología: y terapéutica infantil. Además, intentaré responder a la interrogación tan frecuente de: cómo es posible realizar el análisis de un niño.
El análisis de Una fobia en un niño de 5 años, publicada por Freud en 1905, fué el punto de partida del psicoanálisis de niños. El síntoma se presentó cuando el niño tenía 5 años y era el temor a que un caballo le mordiese en la calle, es decir, una zoofobia. El éxito terapéutico obtenido por Freud