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La experiencia nos ha demostrado cuán dilatada tarea es el tratamiento psicoanalítico, es decir, el intento de liberar a un ser humano de sus síntomas neuróticos, sus inhibiciones y anomalías del carácter. De ahí que siempre se haya procurado abreviar su duración. No es necesario justificar tales esfuerzos, pues tienen en su favor los más plausibles y prácticos argumentos. Sin embargo, bien puede ser que traduzcan un resabio de aquel impaciente desdén que una época pasada de la medicina dedicó a las neurosis, considerándolas consecuencias superfluas de injurias imperceptibles. Ya que era preciso ocuparse de ellas, por lo menos se quería resolverlas cuanto antes. Un intento particularmente enérgico en este sentido es el que realizó Otto Rank, en relación con su obra Das Trauma der Geburt [“El trauma del nacimiento”] , aceptando que el acto del nacimiento constituye la verdadera fuente de la neurosis, pues implica la posibilidad de que la “protofijación” a la madre no llegue a ser superada y subsista como “protorrepresión”. Rank creyó poder curar íntegramente la neurosis mediante la resolución analítica