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En su trabajo Pegan a un niño (2) Freud describe una fantasía que, según él, se encuentra en sorprendente porcentaje entre los enfermos que acuden al tratamiento analítico por histeria o neurosis obsesiva. Cree muy probable que eso ocurra aún con mayor frecuencia en individuos que no se han visto obligados a tomar tal decisión por una enfermedad manifiesta.
La fantasía de flagelación se encuentra cargada invariablemente, con un alto grado de placer y tiene origen en un acto de satisfacción autoerótica placentera. Daremos por sabido que el lector conoce el contenido de la obra de Freud: descripción de la fantasía, reconstrucción de las fases que la precedieron y su derivación del complejo de Edipo. En este trabajo volveremos a ella y la expondremos con mayor detalle.
En un párrafo de su obra dice Freud: “En dos de mis cuatro enfermas se había desarrollado, sobre la fantasía masoquista de flagelación, una superestructura artística de sueños diurnos que tenía gran significado en sus vidas. La función de tal superestructura era permitir el sentimiento de excitación satisfecha aun cuando se abstuviera del acto onanístico.” De varios sueños diurnos podemos seleccionar uno que parece creado especialmente para ilustrar esta observación.
Fué elaborado por una joven de 15 años, cuya vida de ensueños a pesar de su abundancia no había entrado nunca en conflicto con la realidad. El origen, evolución y terminación del mismo pudo establecerse con certeza y se comprobó durante el análisis su derivación y dependencia de una fantasía de flagelación de larga data.