You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
“Es verdad que Beethoven tuvo más bien un carácter malhumorado durante toda su vida; sin embargo, por esos ciertos momentos en los cuales él debió gozar, lo envidio, posiblemente, más que cualquier otro mortal. Lo que pasaba en la mente de Rafael y de otros artistas plásticos, no lo sé, pero con respecto a los compositores, se sabe.” (Jacos Burckhardt, carta escrita a Friedrich von Preen, Sylvester, .)
El psicoanálisis se ha ocupado muy poco de la música, y los estudios que se han realizado no son muy ilustrativos. Se acepta que la música se basa en fundamentos instintivos anales y narcisísticos, pero la investigación analítica no ha ido más allá (2). La razón se encuentra fácilmente. El camino por el cual el psicoanálisis se aproxima al arte y a sus creaciones con el deseo de investigar sus fuentes y sus mecanismos inconscientes, es el siguiente: en cada obra de arte se expresan y representan deseos conscientes e inconscientes bajo la forma de una imagen del mundo exterior. La diferencia entre el mundo exterior real y la imagen creada por el artista, nos permite reconocer por medio de la investigación psicoanalítica, la constitución de las reacciones y tendencias emocionales inconscientes a las que llamamos, contenido latente de la obra de arte. Pero, aplicar este método de investigación a la música, es imposible, porque las emociones conscientes e inconscientes no se expresan en ella bajo la forma de imágenes del mundo exterior. Música, es lo que podríamos llamar un arte sin objeto. Si deseamos