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Orfeo fué en la leyenda el cantor de Tracia y el iniciador, para el mundo helénico, de los misterios y de las teogonias. Antes de convertirse en poeta, este héroe fué primeramente considerado como teólogo y, asimismo, como mago. En verdad su misión sagrada es inseparable de su genio poético. Orfeo pasaba por haber introducido en Grecia el culto de Dionisos. Pues, todos sabemos que la tragedia y la comedia antiguas ponen en escena, al estilo de un “Misterio” (análogo a los Misterios de la Edad Media) la pasión y la resurrección de Dionisos. Sabemos, también, cuánto la música, bajo la forma del ditirambo, debe al culto del joven dios. Estudiar a Orfeo como teólogo es también estudiar las razones que hacen de él, en la leyenda, un aeda. En efecto, toda leyenda debe ser considerada como un agregado de tradiciones diversas, condensadas y elaboradas en una especie de síntesis. Es un drama que denota un esfuerzo de racionalización intentado por la mentalidad colectiva. Pone en escena hechos dispersos bajo el amparo de un solo héroe, actor principal de un espectáculo concreto. Este héroe está creado íntegramente y dotado de una sobrehumanidad omnipotente.
La leyenda de Orfeo no constituye un grupo de poemas coherentes, como la Odisea, de la cual los trabajos de Víctor Bérard nos ha reconstituido la composición unitaria en episodios dialogados. Es imposible atribuir un patronímico al mosaico complejo de las tradiciones órficas.
Por esa razón, la nobleza, la fuerza y la simplicidad de la epopeya homérica se oponen a la frondosa complejidad del mito de Orfeo. No se habla de este personaje en Homero. Por otra parte, Orfeo no era un heleno sino un tracio, su leyenda está, además, llena de creencias venidas del Asia Menor.