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Muy interesante, claro y gráficamente ilustrado es el trabajo de Pappenheim y Kris, quienes con un material informativo deficiente analizan las múltiples funciones que tienen los dibujos de un enfermo de esquizofrenia paranoide. Trátase de un arquitecto que sufre tres episodios de internación. En el intervalo entre los dos últimos hace un retiro total de toda actividad social como consecuencia de la pérdida de su amada, dedicándose en su encierro a una febril producción de dibujos. Más que una interpretación del caso los autores estudian las necesidades psíquicas que la actividad del dibujo cubre, es decir, las funciones del mismo. Consideran que éste sirve como índice regulador del curso de la psicosis. La existencia de una vivencia de “fin del mundo” debida a una pérdida de ocupación libidinosa de objeto y la tentativa de recuperación del mismo con todo su conflicto de ambivalencia constituye la base. El dibujar el contenido de su inconsciente conflicto sirve, en primer término, al propósito de evitar una mayor separación de instintos, y, una vez establecido el mecanismo delirante, reasegurar al enfermo sobre la verdad de sus propias dudas.
La lucha entre el deseo de extinguir un mundo actual hostil y recrear el fantásticamente deseado crece, y al fracasar tal intento recurre al dibujo. En los mismos las tendencias destructivas se hacen tan preponderantes que la actividad, por sentimiento de culpa, cesa bruscamente llevándole a una paralización total que alcanza el aspecto catatónico. Después de discriminar el significado de la identificación del enfermo con dios y los mecanismos de proyección y reintroyección, relacionándolos con los mitos, el folklore y lo que se denomina inspiración artística, distinguen dos aspectos de esta identificación que pueden ser independientes o sucederse: dios es el rival o, en cambio, se es el instrumento de dios, siendo este aspecto el más generalizado. En ambos casos se expresa la actitud pasiva frente a dios-padre o a la diosa-madr