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Es un artículo que se apoya en otro de Jekels y Bergler sobre Dualismo instintivo de los sueños, afirmando este último que el instinto de muerte o Tánatos impulsa al descanso, y al dormir, mientras que el instinto de vida, Eros, impide el dormir total, o sea la muerte. Manifestaciones del Eros en el dormir serían los sueños, que además de función de guardianes del dormir, tendrían, por lo tanto, otra más, de guardianes de la vida.
Es ésta una teoría algo extraña, porque el dormir parece ser una regresión libidinosa al estado del narcisismo, más bien que una actuación del instinto de muerte. Pero Roheim la considera muy interesante. Piensa que es una teoría con un origen en creencias animísticas, según las cuales el alma abandona al cuerpo durante el dormir —el cuerpo se quedaría como muerto— y es capaz de vagabundear, de lo que resultarían los sueños.
Después de citar numerosas creencias de este tipo en los diferentes pueblos, Roheim transcribe la frase de Jekels y Bergler: “El dormir es muerte levantada por sueños y muerte es un dormir sin sueños.” Por eso, ante la muere inevitable, el Eros la rechaza con el mismo método con que lo hace durante el dormir, o sea mediante satisfacciones de deseos, ya en forma de sueños o de vida en el más allá. Así se originan los diferentes mitos de paraísos con satisfacciones de todo género, de los que Roheim refiere asimismo numerosos ejemplos.
Además, según Jekels y Bergler los restos diurnos contienen no solamente problemas sin terminar, sino también reproches del superyó. Los presenta Tánatos o el sentimiento inconsciente de culpabilidad; contra dichos reproches el ello moviliza las satisfacciones de deseos.
Roheim demuestra que esto ocurre también en el animismo, por ejemplo, en lo referente al duelo. La muerte de una persona, al destruir lazos libidinosos, libera a Tánatos en los sobrevivientes produciendo la automortificación de éstos. El conflicto se resuelve mediante la proyección, que achaca la muerte a otra persona como pued