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Se trata de un caso masculino, de ereutofobia, tratado con éxito en un año. El psicoanálisis demostró que el enrojecimiento era: 1ọ; un desplazamiento hacia arriba de una excitación genital (perversa); 2); un sustituto de la masturbación y 3ọ; una forma de exhibicionismo (masoquista, de exhibir la culpa). Detrás de estos dos síntomas había un solo complejo: el de la castración, existente de los tres años de edad, con la idea de que el pene era demasiado pequeño. En el enfermo el autoprecio del yo dependía de la valoración del pene, como si hubiese una identificación entre ambos. El enrojecimiento era por el pene débil. También por la homosexualidad pasiva, porque para el enfermo ser castrado significaba ser mujer, lo que le avergonzaba.
La relación entre el enrojecimiento y la masturbación era muy patente. Se inició aquél a los cinco años, disminuyó con la masturbación puberal de los diez o doce años y se volvió completamente patente con el cese de ésta, a los 18 años. Además para “ocultar” su enrojecimiento, solía frotarse la nariz enérgicamente, de un modo parecido a como hacía antes con el pene para masturbarse.
Para el enfermo la nariz era un órgano importante, con el que efectuaba actos sintomáticos y alrededor del cual giraban ideas paranoides, en relación con su exhibicionismo y también con su erotismo uretral que constituía una de las fuentes de su orgullo.
Garma.