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Durante el tratamiento psicoanalítico el estudio de numerosos sueños de conflictos genitales, pertenecientes a la misma persona, descubre claramente el proceso de la elaboración onírica. Se observa las diferentes simbolizaciones y otros tipos de enmascaramiento, con que aparece en la fachada de los sueños el mismo contenido latente. Además el progreso del tratamiento, al liberar a la persona de sus represiones, hace cada vez más reconocibles los elementos ocultos.
Es lo que ocurre en todos los siguientes sueños de una mujer, en el cuarto decenio de su vida, con deseos intensos de una satisfacción genital adecuada, pero con inhibiciones también intensas. Sus primeros sueños son de simbolismo oscuro. Al transcurrir meses de tratamiento lo reprimido es aceptado por el yo y, por lo tanto, patente.
“Estoy rodeada de vendas, como si estuviese operada.”
La labor de interpretación, a través de las asociaciones, señaló que, en una primera capa psíquica, el sueño representa las inhibiciones sexuales de la sujeto, que, en forma de vendas, la retienen y la impiden moverse libremente. Al profundizar más en las asociaciones se encontró que la operación tiene el significado de una liberación instintiva. En efecto, la sujeto asocia con dicho elemento del sueño varias operaciones sufridas por amigas suyas. Eran éstas personas de una vida genital poco normal, lo que, según ella, fué la causa de la acumulación libidinosa y de una serie de trastornos orgánicos, que hubo que tratar quirúrgicamente. De lo que se pudo deducir, durante la interpretación, que la operación sufrida, señalada por las vendas del sueño, tiene para la sujeto el significado de un acto genital sadomasoquista, en el que el bisturí y la herida simbolizan los órganos masculino y femenino.