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En mi conferencia anterior les expuse las corrientes principales del psicoanálisis de niños y algunos problemas técnicos. Hoy me referiré a los casos en que está indicado el tratamiento y les relataré fragmentos de un historial.
En lo que se refiere a indicar o no un tratamiento analítico, hay dos corrientes fundamentales: la de Melanie Klein que considera que todo trastorno de desarrollo, ya sea físico o mental, puede ser favorablemente influido por el análisis y que todo niño, aunque no presente síntomas, puede y debe ser analizado, y la de Anna Freud que aconseja utilizar sólo en casos de neurosis graves un tratamiento que considera penoso y difícil.
Melanie Klein sustenta su punto de vista del siguiente modo: “Todo niño pasa por una neurosis que se diferencia sólo en grado de un individuo a otro. Desde que se ha encontrado que el psicoanálisis es uno de los medios eficaces para curar la neurosis de los adultos parece lógico hacer uso del psicoanálisis para combatir las neurosis de los niños y, además, si todo niño sufre una neurosis, aplicarlo a todos los niños.”
Desgraciadamente este punto de vista tan exacto teóricamente, es difícil por el momento que sea puesto en práctica; por eso es importante precisar qué signos indican la existencia de una neurosis que al no solucionarse sino en apariencia reaparecerá en la vida adulta, exigiendo ser tratada.
No me referiré a aquellas neurosis infantiles cuya gravedad se hace evidente, aun al que no es especialista, debido al grado y carácter de los síntomas, pero sí consideraré aquellos trastornos, por lo general no valorados en su verdadera gravedad y que, sin embargo, exigen un tratamiento.