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Es una observación familiar a todo psicoanalista la frecuencia con que un sueño viene a anticipar la aparición de síntomas de expresión somática y, a veces, hasta es premonitorio de enfermedad orgánica. Para dar un ejemplo de lo que acabamos de enunciar, relataré el sueño de un paciente asmático, cuya comunicación fué facilitada por la doctora McLean.
El paciente, de 46 años de edad, era un campesino que presentaba cierta dificultad de expresión verbal. Había iniciado su análisis por padecer asma bronquial. El sueño que a continuación transcribimos fué consignado en la duodécima hora y probablemente expresa su reacción ante la primera interpretación de la analista, realizada sobre el material onírico de la décima hora.
“Me cuesta recordarlo. Se trataba de mi padre y de mi madre. Parecería como si mi madre estuviese realizando el trabajo de un herrero. Forjaba un hierro candente.”
Al recordarle la doctora que su padre era herrero de profesión, el paciente añadió algunos detalles más.
“Mi padre también aparecía en el sueño, aunque menos nítidamente. Estaba de pie a un lado del negocio, en un sitio oscuro. Sólo veo claramente a mi madre que trabajaba sobre hierro candente, laminándolo, torciéndolo. Trabajaba con habilidad.”
En sus asociaciones el paciente refiere que su madre nunca tuvo participación alguna en tales trabajos, pero que, en ciertas oportunidades, venía a instalarse en la puerta del negocio.
Debido a su pobreza de expresión verbal, el paciente pronto agotó las asociaciones, de modo que la analista intentó ayudarle, sugiriéndole que ella quizá fuese una mujer que realizaba el trabajo propio de un hombre.