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Es indiscutible, que, en general, los hombres son más propensos a la bebida que las mujeres. Si bien es cierto que en muchos países las mujeres beben al igual que los hombres y que se ven frecuentemente en las calles mujeres alcoholizadas, el alcohol no se relaciona con la vida social de éstas como sucede con la de los hombres. Existen amplios círculos en los que el hecho de ser un gran bebedor es considerado un signo de hombría y hasta un broche de honor. En este sentido, la sociedad no exige que las mujeres beban, sino que por el contrario, estamos más bien acostumbrados a condenar el beber, como acto indigno de una mujer y, a diferencia de lo que sucede entre los hombres, tampoco constituye un tema de ostentación entre las mujeres normales.
Creemos justificado investigar si esta diferencia de actitud entre hombres y mujeres con respecto al alcohol descansa en las diferencias sexuales. Pero, esta investigación debe partir de las concepciones más recientes sobre la constitución psicosexual del hombre y de la mujer, establecidas especialmente en los trabajos de Freud (1).
Constituye un hecho biológico que el cuerpo humano contiene en forma rudimentaria los órganos genitales de ambos sexos. En el curso del desarrollo normal, uno de los dos grupos de órganos es suprimido o lleva a cabo otras actividades, mientras que el otro se va desarrollando hasta que es capaz de realizar sus verdaderas funciones. En la esfera psicosexual tiene lugar un proceso análogo. La diferenciación de los sexos proviene también de un estado original de bisexualidad. Durante la infancia, las expresiones de los instintos sexuales en los niños y en las niñas, son todavía muy parecidas.
Hemos aprendido, particularmente con las investigaciones de Freud,