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El autor llama la atención sobre la frecuencia con la cual fracasa el esfuerzo terapéutico en el tratamiento psicoanalítico de la frigidez. Enumera las causas que generalmente se dan como bases de este síntoma y que son las siguientes: la fijación edípica, los sentimientos de culpa inconscientes por la agresividad dirigida contra uno o ambos padres, las tendencias masculinas, el rechazo de la femineidad y la envidia del pene. Dice, que el análisis de estos factores frecuentemente no logra modificar el síntoma por dos razones. La primera sería que generalmente se omite analizar con bastante minuciosidad el cambio que sufren las sensaciones vaginales durante el curso del análisis. Al principio suele existir una anestesia vaginal completa, que cede luego poco a poco a otras sensaciones, como tensión vaginal, pulsaciones, etc: Si el análisis evoluciona bien, se presentan más tarde sensaciones vaginales que las mismas enfermas comparan con sensaciones de hambre o de carácter de succión, y cuya base oral es evidente. El autor llega a la conclusión de que las raíces más profundas de la frigidez provienen siempre de una fijación a la relación más temprana con la madre. Estas mujeres sienten por medio de su vagina los deseos orales de su primera infancia. Tales deseos son: ser saciado y llenado, recibir todo lo que tiene la madre adentro para poder identificarse con ella, ser tan grande como ella, etc., y están vinculados a sentimientos de desconfianza, de agresividad y de temor debido a las tempranas frustraciones orales. Cuando adultas estas mujeres esperan que el compañero sexual les dé todo, es decir, además de un máximo de amor, atención, afecto, etc., también que las llene de leche, del pene paterno y de hijos.
La segunda razón por la cual fracasa a menudo la terapia analítica se desprende de lo dicho. Para vencer la frigidez hay que analizar con toda profundidad la primera relación con la madre. Por medio de la inhibición del orgasmo la mujer expresa el temor de revivi