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Los símbolcs encubren pensamientos reprimidos por la censura del yo. En su génesis intervienen deseos inconscientes, el yo y el superyó, siendo el último, a su vez, reflejo del ambiente exterior. Todos estos factores descansan en fuerzas vivas y variables. Los símbolos, que son su resultado, sufren por lo tanto diversas vicisitudes dependientes del estado de aquéllos.
Cierta fábrica de perfumes anuncia uno de sus productos con dibujos referentes a dos concertistas (fig. 1). La experiencia psicoanalítica enseña que tocar instrumentos de música suele representar la actividad genital. Esa es la interpretación que puede darse a dicha representación gráfica, tanto más cuanto que el beso de los personajes no deja lugar a dudas respecto a sus deseos.
Tal interpretación fué profundizada buscando antecedentes a la pintura. Pudimos encontrar uno de ellos en otra pintura de Louis Boilly, titulada El preludio de Nina, hecha alrededor del año 1780 (fig. 2). Es el mismo tema y se hace uso de los mismos símbolos, pero de modo tal que el contenido latente aparece mucho menos enmascarado. Resalta sobre todo muy patente el significado del violín, viendo su posición en la región pubiana masculina, su dirección y el modo como es acariciado por la mujer. Partiendo de la interpretación de este elemento, es fácil de comprender el piano como órgano genital femenino. Por lo tanto, se trata de una caricia genital mutua, lo que corresponde a los otros elementos de la actitud de los protagonistas, a la habitación en que se hallan y sobre todo al título de la pintura: El preludio de Nina. “Preludio” como iniciación genital, que por su doble significado se refiere también a la música.
Siempre ocurre en representaciones parecidas, ya sean gráficas o literarias