You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
La psicología actual sostiene que el juego de los niños encubre los asuntos serios de la vida, pero la psicología hace muy poco por descubrir o poner de manifiesto el significado secreto de este primer enfrentarse del niño con el mundo. Para esto necesitamos un punto de vista genético que tenga en cuenta los impulsos inconscientes y los procesos mentales inconscientes. El psicoanálisis ha intentado no sólo interpretar el significado del juego como tal, sino también deducir de un juego uniforme y repetido la estructura mental y la dinámica y economía de la mente infantil. Ha encontrado que en el juego no sólo se satisfacen deseos sino que también se previenen y evitan conflictos; los viejos traumas se reactivan repetidamente, y los mecanismos intrapsíquicos, tales como la regresión, formación reactiva, identificación, introyección, proyección, etc., se manifiestan claramente como conducta. Un juego de un niño completamente comprendido, del mismo modo que un sueño completamente analizado, es muy revelador en relación con el destino del ser humano. El material que relataré está tomado del análisis exitoso de una mujer de 30 años y será utilizado para demostrar ciertas relaciones que se establecieron entre un trauma infantil temprano (escena primaria), los juegos y el destino ulterior.
La paciente, a quien llamaremos Julia, había sido uno de esos niños que no juegan con los otros, que sienten el impulso de jugar sólo cuando se creen solos y nadie los observa y que además no pueden soportar el ver jugar a otros niños. Pertenecía a ese tipo de niña que malogra todos los juegos, que frenéticamente interviene e interrumpe y que parece como compulsada a perturbar todo compañerismo. Hija de padres pudientes, nacida después de la muerte de una hermana, había sido muy mimada tanto por sus padres como por sus parientes y personas del servicio. Dormía en el cuarto de los padres y acostumbraba a llorar la mitad o toda la noche, de