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El análisis comparado de Hamlet, Segismundo y Fausto sirve de base para investigar el proceso de elaboración y maduración psíquicas, en relación con los problemas de la conducta. En primer lugar se establece una semejanza básica entre Hamlet y Edipo, como ejemplos de conducta neurótica, pero mientras el primero hace un ciclo completo (afirmación como “grandeza”, y renuncia como castigo final), en el segundo, las dos fases son frustradas por la introspección. La elaboración comprende básicamente tres etapas. El proceso se inicia con la aparición de dos tendencias contradictorias, de afirmación y renuncia (desdoblamiento inicial), como respuesta a una incitación traumática. Tomando como punto de referencia la afirmación plena (”yo quiero esto”) la primera etapa (vacilación) elude al sujeto. El problema esencial a esta altura es el que se refiere para Hamlet a Claudio y Gertrudis, y para Edipo a Pólibo y Mérope (”¿son o no son los padres legítimos?”). El conflicto de Hamlet se inicia con el segundo casamiento de la madre. El de Edipo (en Corinto) con las revelaciones sobre su origen. En Segismundo (en la segunda parte de La vida es sueño) es el “trauma del despertar”. Dígase lo mismo de Fausto. Las dos tendencias (afirmación y renuncia) significan aquí respectivamente ruptura o prolongación de la latencia. Esta etapa es invariable para todo proceso de elaboración, sea que luego se supere o no la inhibición inicial que representa la realidad como factor adverso y objeto deseable a la vez. En la segunda etapa, que se inicia con la aparición de una figura suprapaterna (en un caso el espectro del padre y Apolo en el otro), las dos tendencias terminan por combinarse en un compromiso o manera de conducta que caracterizará la tercera etapa. La expresión de esta conducta es “yo puedo” (se omite el objetivo). En Edipo será capacidad de afirmación, en Hamlet de renuncia. El caso de Fausto, y especialmente el de Segismundo (siempre en la segunda aventura), representa una síntesis