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Es descrito el tratamiento hipnoanalítico de una enferma, con síntomas neurasténicos, histéricos y depresivos, al objeto preferente de demostrar la técnica.
Ante todo se efectuó un estudio de la capacidad hipnótica, con escasos resultados. Se intentó luego profundizar la hipnosis con pentotal sódico intravenoso. Hubo sólo una ligera mejoría. Pero siguió una gran mejoría en una tentativa ulterior, ya sin pentotal.
La técnica general fué la de examinar psicoanalíticamente a la enferma en 133 sesiones de 50 minutos. Entraba en la hipnosis haciéndola contar hasta 10. Solía traer sueños. En un comienzo, al querer hallar en seguida su interpretación, surgieron resistencias, que llevaron al médico al uso de las asociaciones libres. Esta conducta parece la más eficaz al comienzo de un hipnoanálisis.
El material obtenido no difirió del corriente en psicoanálisis, presentando únicamente la ventaja de la rapidez relativa de su presentación y la ausencia de períodos largos de resistencia y disgresión.
Fueron varias las técnicas especiales empleadas. Entre ellas la de producir sueños, sugestionando a la enferma, sueños aclaradores y también instándola a recordar sueños durante las sesiones.
Así en la sesión 108 comunicó espontáneamente un sueño de ir a un negocio, pensar en él en comprar un sombrero y pagarlo, aunque no se lo llevó consigo, por lo que volvió enojada al negocio. En la hipnosis, pidiéndole que tuviese de nuevo este sueño, añadió que luego bajó unas escaleras, llegando a algo así como un jardín hundido. (El simbolismo es claro de búsqueda de pene —sombrero— y displacer al encontrar la vulva —jardín hundido—.) Para comprenderlo aún más se le dijo que tuviera otro sueño con la misma idea latente, para ella desconocida. Soñó: “Camino por la calle, sintiéndome fuerte y poderosa, como mi hermano. Llego a casa, me miro en el espejo y tengo el desengaño de verme tal como soy” o sea, sin pene.
Al final del tratamiento se emplearon técnicas de regresión hipnótica, para reproducir