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Durante las sesiones del psicoanálisis se interpretan los sueños por las asociaciones subsiguientes del enfermo. Pero, en los casos citados por Sterba, fué el actuar fuera del psicoanalizado algo así como una asociación previa al sueño.
Un enfermo llega un día a la sesión sin tener los anteojos puestos; luego cuenta un sueño de la noche anterior en que se disputa con alguien —psicoanalista— y se saca los anteojos para evitar que se los rompan de un golpe.
Una enferma, que ordinariamente entra en el escritorio del psicoanalista de un modo normal, lo hace un día rápidamente y sin aliento. La noche anterior había tenido un sueño en que su madre tuvo que interrumpir una conversación telefónica con ella, por falta de aliento, diciéndole que iba a dar a luz. Vale decir que en su conducta ulterior la enferma se identificó con la madre, obedeciendo a un insatisfecho deseo infantil de maternidad.
El más dramático es el caso de un sujeto que al llegar a casa del psicoanalista sufrió una caída. Inició la sesión pálido y con dolor en el brazo derecho, pudiéndose comprobar posteriormente una fractura del radio. Expuso el sueño de la noche anterior. En la primera parte veía un niño pequeño estropeando el guardabarros derecho de un auto; en la segunda parte estaba una niña frente a un edificio, como casa u hospital. El enfermo era el niño que atacaba al padre, simbolizado por el auto, y sufría la castración, convirtiéndose en una niña llevada al hospital. El brazo derecho dañado por la caída real puede corresponder al guardabarros derecho del auto por él estropeado.
Garma.