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Los nuevos datos biográficos, como los detalles por los cuales puede diferenciarse la descripción del crimen de las versiones recogidas en el juicio o en las audiencias, los debo a la misma madame Lefèbre. En efecto, pude ir a verla con sus abogados, los doctores Python y Kah, acompañados por la señora de Kah, a la prisión de Lille, el 14 de enero de 1927, y conversar con ella más de cuatro horas. Ignoraba mi identidad porque me presentaron como “una persona que se interesa por la psicología” y que proyectaba escribir sobre ella un estudio.
Madame Lefèbre, de soltera Maria Felicia Elisa Lemaire, nació en Fromelles, en el norte de Francia, el 13 de noviembre de 1864. Pertenecía a una honorable familia de grandes agricultores; su padre, Carlos Francisco Lemaire, poseía y trabajaba numerosas tierras. Su madre, Natalia Sedoma Waymel, descendía de una conocida familia del norte. Dos años después de María nacía su hermano Carlos Francisco; dieciocho meses más tarde su hermana Nelly. Una última hermana, Luisa, debió nacer en 1874.
La pequeña María Lemaire creció en el campo. Su primer recuerdo se refiere a su abuela materna. Se ve muy pequeña —no podría precisar a qué edad— caminando fuera, cerca de su abuela, a quien dice haber adorado. El abuelo y la abuela paternos de María Lemaire vivieron, en efecto, los últimos años de su vida en la casa de su hijo Carlos. Habitaban en un edificio aparte, pero las comidas eran tomadas en común. “Jamás, dice madame Lefèbre, insistiendo sobre ese punto, hubo disputas, porque en mi familia estábamos entre gente bien educada y se sabía qué respeto y qué atención se deben a los padres.”
A los seis años María fué puesta como pupila en el convento de Fournes. Parece haber guardado un buen recuerdo de ese convento. Había