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En esta comunicación emplearé uno de los antiguos y bien conocidos conceptos de Freud —la libido oral— para aclarar ciertas manifestaciones asociadas con el dormir, y aplicaré ideas así logradas a otras observaciones de la práctica y teoría psicoanalítica.
Freud, en su Interpretación de los sueños (10), infiere un deseo de dormir, al cual hace el primer responsable de cualquier sueño, considerando el soñar como al guardián del dormir. De este deseo, en última instancia, tiene poco que decir. En sus “Lecciones de introducción” (11), al comienzo de la discusión de los sueños, transcribe su bien conocida frase humorista acerca de lo que hacemos cuando vamos a acostarnos. Nos dice cómo nos desnudamos de la mayor parte de nuestro yo junto con los anteojos, ropas, dentadura postiza y cualquier otro objeto personal, de ahí que nos asemejamos a un infante recién nacido o a un feto intrauterino.
Esta comparación sorprende a M. J. Eisler (4), el cual nos describe casos de disturbios en el dormir (quizá ejemplos no muy claros) con los que pretende demostrarnos que el dormir es un fenómeno regresivo, como un retorno a una fase hipotética preoral o apneica, tal como podríamos imaginárnosla en el niño no nacido aún. Sin embargo Eisler, de paso, nos dice que el primer dormir de la vida ocurre cuando el niño acaba de satisfacer su hambre al tomar el pecho.
Recientemente, en las conclusiones finales de un importante simposio sobre los disturbios del dormir, Simmel (28) creyó oportuno llamar la atención sobre lo dicho anteriormente por Eisler, opinando que era de gran valor el reconocerlo aun hoy (*). Otro autor, Isakower (16), en una comunicación de gran interés retorna a la misma familiar idea para explicar ciertos fenómenos hipnagógicos que preceden al dormir o a estados similares.