You do not currently have permission to view the full text for this document. Please sign in to an account with an active subscription or contact support.
En las primeras épocas del pensamiento analítico, Freud se interesó, en forma particular, por la naturaleza y destino del impulso, hecho del que es testimonio elocuente la formulación de su famosa teoría de la libido. De esta manera, la psicopatología moderna se basó esencialmente en una psicología del impulso, y la teoría de la libido continuó siendo una de las piedras fundamentales del edificio del pensamiento psicoanalítico, si bien es cierto que, en general, sólo se la acepta en la actualidad con las modificaciones introducidas por Abraham, en deferencia a consideraciones del desarrollo. Sin embargo, Freud nunca quiso dar a entender que todos los problemas de la psicopatología podrían resolverse en términos de la psicología del impulso. En sus últimas épocas, que pueden ubicarse adecuadamente en el tiempo en que publicó su trabajo El yo y el ello, se interesó, en forma predominante, por el desarrollo y las vicisitudes del yo. De esta manera, se superimpuso y pasó a formar parte de una psicología del impulso ya establecida, una psicología evolutiva del yo; y cualesquiera que hayan sido los desarrollos que en el pensamiento analítico haya sufrido con posterioridad la psicología del yo, la teoría subyacente de la libido no ha experimentado modificaciones de importancia, hecho que considero muy lamentable. Desafortunadamente no podemos examinar en esta ocasión las razones que me han conducido a esta forma de pensar. Será suficiente con que diga que han influido en ello, tanto consideraciones clínicas y psicoterapéuticas, como teóricas. No obstante, expondré en forma breve mi punto de vista. Creo que ya es tiempo de que la atención del psicopatólogo, centralizada en el pasado, primero sobre el impulso y luego sobre el yo, se concentre sobre el objeto hacia el que se dirige el impulso. Para expresarme