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En el año 1880, cerca de la aldea egipcia de Tell-el-Amarna, se encontraron unas tablas asiáticas, las que al ser descifradas resultaron importantes documentos históricos que descubrían ciertos hechos de la historia egipcia, particularmente aquellos concernientes al rey Amenhotep IV y su hasta entonces desconocido reinado.
Sobre la base de estas “tablas de Amarna” y algunos textos jeroglíficos de ese período, conocidos anteriormente, podemos concebir una pintura bastante exacta de la personalidad del rey.
Varios libros de referencia e historias del antiguo Egipto que contienen una abundante y valiosa información sobre el período citado han proporcionado el conocimiento básico para las consideraciones que siguen.
Los trabajos de Breasted y la excelente monografía de Weigall sobre la vida de Amenhotep IV (1), merecen especial mención a este respecto.
El marcado interés, y aun entusiasmo, que los egiptólogos han demostrado en el “Rey Herético”, quien se dio a sí mismo el nombre de Ikhnatón, título que explicaremos después, podría parecer extraño, hasta incomprensible, para los neófitos. ¡Algo más de tres mil años, nos separan del período de Amarna! Pero cuando una autoridad del calibre de Breasted, señala al rey como una eminente figura en la historia de Oriente, y hasta se inclina a acordarle un lugar único en la historia del mundo, despiértase nuestra curiosidad y naturalmente queremos investigar qué hazañas o atributos