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Sin atrevernos a comentar desde el punto de vista artístico la obra teatral de Arturo Capdevila, autor delicado y espiritual, nos permitiremos reseñar su contenido como psicoanalista. El drama La consumación de Sigmund Freud es un homenaje original y respetuoso por la obra realizada por él. Capdevila nos presenta a Freud como un descubridor de gran audacia el primero que se animó a explorar a fondo el alma humana. En el primer y segundo actos describe a esta exploración en forma alegórica como el viaje del “comandante Freud” a Adanópolis y su visita a las catacumbas, símbolo del inconsciente. Allá hace revivir a Freud en forma dramática, el destino de Edipo y su superación. En la tercera parte de la obra vemos a Freud en su consultorio de Viena, ya famoso y atendiendo a sus enfermos. Mientras pudimos seguir muy gustosamente al autor y a su comandante Freud en el viaje a Adanópolis, surgió alguna crítica en nosotros ante la presentación que nos hace Capdevila del psicoterapeuta Freud. Sin darse cuenta, su propia ambivalencia frente a lo realizado por Freud, hizo que Capdevila no captase lo fundamental de esta vida sencilla de trabajo continuo y sobrio, ni pudiese aceptar el psicoanálisis como disciplina terapéutica. Su homenaje a Freud se dirige al audaz investigador, pero rechaza la aplicación práctica de los resultados de tal investigación. Será por eso que el único enfermo, cuya cura vemos representada en la obra teatral, se enloquece a causa de las interpretaciones psicoanalíticas dadas por el mismo Freud, y recobra, años más tarde, su salud y tranquilidad mental, por medio de la hipnosis.
Marie Langer.