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En un corto artículo pleno de sugestión, estudia el autor los orígenes y el desarrollo del simbolismo numérico, especialmente del número cinco ya vislumbrado desde tiempos inmemoriales.
Los pueblos antiguos, que ya vinculaban el número tres a la idea simbólica del hombre, y el número dos a la de mujer, atribuían al número cinco un significado mágico de poder total, por contener en sí elementos masculinos y femeninos (el dos y el tres).
El cinco sería el símbolo del poder procreador del coito, de la fuerza conjunta del hombre y de la mujer frente al destino. Pero, anteriormente a este significado biológicosocial, el cinco debe haber poseído otro sentido simbólico más primitivo, derivado probablemente de la adquisición de la actitud erecta, que tornó a los órganos genitales más vulnerables a las arremetidas del mundo externo. De esta forma, peligro y valoración narcisística se fusionaron en una sola expresión simbólica, el cinco, es decir, el quinto miembro del hombre y por otra parte, el hombre mismo, centro de la Tierra rodeado de los peligros provenientes de los cuatro rincones del mundo, o sea de los cuatro puntos cardinales, tal como se ve en las primitivas cosmologías. De ahí también el significado siniestro del cinco que se expresa burlonamente en muchos dichos populares: “no querer ser la quinta rueda del carro”.
Descubre por último el autor interesantes puntos de apoyo en hechos religiosos e históricos. Cita, entre otros, el episodio ocurrido durante el protectorado de Cromwell, con un exaltado grupo políticorreligioso, los denominados “cinco monarquistas”, cuya ideología se basaba en el rechazo de la necesidad del bautismo infantil (negación mágica del pecado original, es decir, de las influencias hereditarias) y en la necesidad del bautismo voluntario (aceptación “voluntaria” de las mismas influencias). Tal grupo desarrolló con rapidez una inmensa red de agresivos adeptos, que causaron grandes trastornos al gobierno de Cromwell. Claro está que, por detrás de l