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Establece la autora que de acuerdo con los conceptos de Freud se considera al fenómeno de la obstinación como un derivativo de conflictos anales, un componente del llamado “carácter anal”; es un síntoma de la lucha entre el yo y las fuerzas amenazantes interiores y exteriores. El obstinado lucha por restablecer un sentimiento subjetivo de supremacía y
no para lograr un propósito en la realidad; si este propósito por el cual cree que lucha puede ser alcanzado, carece de toda importancia para él. Debe querellar siempre con característica persistencia y terquedad porque nunca es satisfecha la necesidad inconsciente de establecer un sentimiento de seguridad por medio de la superioridad.
La obstinación o terquedad determinan dificultades en las interrelaciones personales, lo mismo que durante el tratamiento psicoanalítico. La autora ha estudiado numerosos casos que presentaban obstinación como carácter común; sus mecanismos variaban ampliamente.
Expone el caso de un paciente que llegó al análisis con actos compulsivos, ideas obsesivas y timidez sexual; era un estudiante modelo. En su infancia fué amenazado por la madre por masturbarse, lo que fué vivido por el paciente como una seria amenaza de castración. La madre le obligaba a efectuar sus funciones intestinales, aseo, etc., a horas determinadas, a lo que el paciente se oponía tenazmente, no deseando hacerlo cuando se lo exigían. En la adolescencia padecía de constipación y diferentes trastornos intestinales; tenía temor a las enfermedades, especialmente infecciosas y evitaba angustiosamente las actividades sexuales. Se retrajo de la vida social quedándose en su casa y dedicándose intensamente al estudio.
En la transferencia se comprobó que tenía temor a la mutua agresión con la madre y cólera contra ella; mostraba en su actitud con la analista el fenómeno de “obediencia obstinada” descrito por Freud, el que se acentuó cuando percibió que su rabia era acompañada por angustia que aumentaba. Más adelante se tornó agresivo