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“La Psiquiatría no es solamente una ciencia médica, sino también una ciencia de naturaleza social. Como psiquíatras, conocemos el efecto perjudicial de ciertos factores mesológicos sobre la salud mental. Sabemos, por ejemplo, que los prejuicios sociales, la desocupación forzada, la falta de techo que garantice la estabilidad del grupo familiar, son incontestablemente causas de neurosis sociales.”
De esta manera, el doctor William Menninger, uno de los más eminentes psiquíatras de nuestra generación, recientemente elegido presidente de la American Psychiatric Association, presidente de la American Psychoanalytical Association, y que durante la guerra fué Jefe de la División Neuropsiquiátrica del ejército norteamericano, como General Brigadier, muestra la orientación que debe ser adoptada por la psiquiatría en el momento actual, que se caracteriza por una situación general de inseguridad económica, política y personal, residuo de la última conflagración mundial.
“La civilización se ha liberado de la amenaza de las infecciones epidémicas. La humanidad ha aprendido a eliminar el espacio y a destruir los ejércitos. Sin embargo, no hemos aprendido todavía a comprender a nuestros semejantes, de tal modo que la psiquiatría no está capacitada para presentar a este mundo, lleno de ansiedades y dudas, una terapéutica satisfactoria para sus profundas faltas de adaptación. Una de las dificultades contra las cuales tenemos que luchar es la carencia de psiquíatras. La experiencia de la guerra pasada nos enseñó que existen mucho más psicóticos y neuróticos de lo que se podría imaginar; por ejemplo, en el ejército norteamericano, 12 % de los enrolados no fueron aceptados por presentar trastornos mentales. Otra lección aprendida en los campos de batalla establece que cualquier sujeto, por más calmo y equilibrado que parezca, puede presentar una reacción de tipo anormal, si es sometido a condiciones emocionales suficientemente desfavorables.
“La lección de la guerra aplicada al mundo act