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En un artículo anterior (1941), intenté formular una nueva versión de la teoría de la libido y esbozar los rasgos generales que podría presumir una psicopatología sistemática basada en tal reformulación. El concepto básico que establecí en esa oportunidad, y al que aun hoy me adhiero, es el de que la libido busca primariamente al objeto (en vez del placer, como lo postula la teoría clásica) y que el origen de todas las condiciones psicopatológicas deben buscarse en las perturbaciones de las relaciones de objeto del yo en desarrollo. Creo que este concepto no sólo está más de acuerdo con los factores psicológicos y con los datos clínicos que la original teoría de la libido de Freud, sino que representa también una consecuencia lógica del actual pensamiento psicoanalítico y un paso necesario en el desarrollo de la teoría psicoanalítica. En particular, me parece que constituye una derivación inevitable del esclarecedor concepto de los objetos internalizados, que tan fructuosamente ha desarrollado Melanie Klein, pero cuyo origen científico yace en la teoría del superyó expuesta por Freud (estructura endopsíquica que estimó creada por la internalización de los objetos).
Independientemente de las consideraciones expuestas en mis trabajos anteriores u otras que se podrían aducir, puede establecerse que la introyección psicológica de objetos y en particular, la perpetuación de objetos introyectados en la realidad interior, constituyen procesos que por su misma naturaleza, implican que la libido busca esencialmente a los objetos, ya que la sola presencia de impulsos orales es insuficiente para explicar el culto tan