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El hecho de que en la angustia de examen, como en los sueños de examen, la ansiedad está desplazada de lo sexual a lo intelectual es bien conocido en el psicoanálisis. Sadger ha demostrado en su trabajo, Über Prüfungsangst und Prüfungsträume, (2) que el temor al examen, tanto en los sueños como en la realidad, es temor a la castración.
La conexión entre la angustia de examen e inhibiciones en la escuela arroja una nueva luz sobre este punto. Asimismo son significativas las diferentes formas y grados de aversión al aprendizaje que oscila entre un marcado desagrado y una mera “pereza” que ni el niño ni las personas que lo rodean hubieran reconocido como rechazo al colegio.
La escuela significa una nueva realidad que el niño debe encarar en su vida y, a menudo es percibida como muy severa. La forma en que él se adapta a estas exigencias suele ser típica de su actitud frente a las exigencias de la vida en general.
El papel extremadamente importante de la escuela se basa generalmente en el hecho de que está desde un principio libidinosamente determinado para cada individuo, ya que por sus exigencias obliga al niño a sublimar sus energías instintivas libidinosas. La sublimación de la actividad genital, sobre todo, influye en forma decisiva en el estudio de algunas materias, que por lo tanto estarían correlativamente inhibidas por la angustia de castración.
Al comenzar la escuela, el niño sale del ambiente que ha constituido la base para sus fijaciones y formación de complejos, y se encuentra frente a nuevos objetos y actividades en las cuales debe ahora poner a prueba la motilidad de su libido. Sin embargo, es sobre todo la necesidad de obrar activamente y abandonar una actitud más o menos pasivofemenina, hasta