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Cree el autor —una de las más destacadas autoridades en Historia de la Medicina— que para comprender bien los problemas planteados por la medicina actual hay que buscar en la Historia las fuentes de información. Cada situación es el resultado de un largo proceso histórico definido, y la obra del historiador es comparable a la del psicoanalista. El historiador, por el análisis de los desarrollos históricos, trata de revelar y aclarar las tendencias sociales inconscientes, a fin de que, encarándolas y examinándolas decididamente, podamos mejorar las circunstancias mediante la acción inteligente.
El libro está dividido en tres partes, dedicadas, respectivamente, a la enfermedad, a la salud y al médico. La medicina y la religión tienen un origen común; ambas resultaron de la lucha del hombre contra la naturaleza hostil y amenazadora. El médico de la sociedad primitiva acumulaba las funciones de sacerdote, y el animismo domina los métodos curativos de este tiempo. Las enfermedades son causadas y curadas por poderes espirituales (exorcismos, magia). Aunque el primitivo ya intuía algunas causas físicas de las dolencias menores, consideraba dichas causas como enviadas por espíritus. Así, el siguiente trozo de una poesía babilónica (en Babilonia encontramos todos los elementos de la medicina primitiva) ilustra bien el hecho:
El frío y el calor que destruyen todas las cosasSon los malos espíritus de la abundante creación de Anu.……………..……………..Son el veneno amargo de los diosesLas grandes tormentas dirigidas desde el cielo: ésas son ellos.………………….
Y el arte de curar sigue mezclado a la religión. Cambian las formas, pero el fondo permanece el mismo. Así los persas y hebreos. En la civilización egipcia el carácter teúrgico va disminuyendo y ya existen tres tipos de curadores: el médico, el cirujano y el exorcista. Los griegos desarrollan un sistema médico que excluye el transcedente y se basa en la observación y en el razonamiento filosófico. Tal sistema es conservado en la medicina