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En un ameno e inteligente artículo, el autor insiste en que no estamos psíquicamente preparados para recibir un enriquecimiento en los medios de producción, como el que puede traer consigo la edad atómica. Todavía se sigue pensando como finalidad esencial de toda actividad la de producir más bienes materiales El hombre inventó la máquina para hacerse la vida más fácil, pero está convirtiéndose en un autómata cuyo acto final será empujar el botón del instrumento que le destruirá.
El desarrollo favorable tiene que ser hacia la producción de bienes menos tangibles que los hechos por las máquinas. Tanto debe interesar, por ejemplo, la poesía como las sillas cómodas. Así como el individuo considera en sí mismo lo material —digestión, respiración—, no como la finalidad de la vida, sino como medios para vivir, lo que llama sus intereses superiores —ambiciones, deseos—, también la sociedad debe elevarse y crear una cultura espiritual superior y más adulta. En ella no debe ocurrir lo de nuestros días, en que, a pesar de vivir en un mundo potencialmente lleno de posibilidades, todavía impera en él la ley de la selva, de matar o ser muerto. Dicho cambio debe ser hecho, no a través de la psiquiatría ó higiene mental, sino de las instituciones sociales y, sobre todo, de la familia, la iglesia y la escuela.
Garma.