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Un muchacho en la pubertad avanzada, con una atracción fetichista por los tubos de escape de los automóviles. De su historia infantil resalta el haber sido un niño débil, víctima de sus compañeros. Más tarde torturó animales. A los 13 años se originó el fetichismo, coincidiendo con la masturbación pubertal; Para la segunda masturbación hizo uso del recuerdo de estar sentado en la parte de atrás del auto familiar, conducido por su madre, y observando el tubo de escape echando humo dulcemente. Estas fantasías le excitaban más que el pensar en muchachas. Posteriormente luchó contra la masturbación, lo que trajo consigo actos de piromanía,' cuyas consecuencias médicolegales le llevaron al psicoanálisis.
El material psicoanalítico confirmó la fórmula de Freud del fetiche como el “pene de la madre”. El sujeto había sentido intensos temores acerca de la integridad física de la madre y, asimismo, angustia ante el cuerpo desnudo de la mujer.
El punto culminante de sus fantasías de masturbación eran el humo y la humedad que salían por el tubo de escape, ensuciando algo blanco. También, el representarse dicho tubo agujereando sus pantalones o soplando en contra de sus nalgas. Otras veces pensaba en chupar el tubo de escape con voluptuosidad, como un niño que recibe la leche del pecho materno. Pero en fantasías agresivas, a veces el niño era muerto por gases venenosos. O bien tales gases se dirigían contra el pecho materno, al que quemaban y torturaban, porque detrás de su fetichismo había un sadismo volcánico.
Si bien se confirma en el sujeto la función del fetiche cómo protección contra la angustia de castración, parece sobre todo predominante el papel de los impulsos sádicos, pregenitales. Por otra parte, en el fetiche existía una “condenación simbólica” (Stekel); representaba todas las” zonas erógenas.
La génesis del fetichismo puede suponerse como originándose en una fobia, que reactivamente trae una actitud contrafóbica (Fenichel), en la que el sujeto busca lo que le asusta.