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Corroborando el concepto de Eisenbud de que “el episodio telepático es función no sólo de la represión del material emocionalmente cargado por el paciente, sino también de la represión de idéntico material por parte del analista”, la autora describe algunas interesantes experiencias personales. La condición sine qua non sería un profundo interés previo por el fenómeno telepático. Cita, entre otros, el siguiente caso: un militar al que había conocido hacía poco, va a visitarla y, durante la conversación, le cuenta haber estado “por detrás de las líneas enemigas” durante la guerra, tanto en condición de fugitivo como en la de prisionero. Por poderosos motivos íntimos, la expresión “prisionero de guerra” es apartada de la memoria de la autora, al mismo tiempo que advierte estar tratando a su huésped de mayor cuando éste es, en realidad, coronel. Tales incidentes son superficialmente considerados y luego olvidados. Pero al día siguiente, un paciente trae a la sesión un sueño. “Soy un prisionero de guerra en un campo de concentración japonés, con mi hermano el coronel A. Era después del día V. ¿Por que estaba yo allí? Podía comunicarme con el mundo externo, pero temía ser golpeado.” El enfermo compara el campo de concentración con el análisis y, entre otras asociaciones, menciona que un soldado de su mismo apellido había estado “detrás de las líneas enemigas”.
La razón directa del sueño era el ligamen fuertemente dependiente, erótico y hostil a la analista, frente a quien temía expresarse. Pero lo importante, en éste como en los demás seis casos de la autora, es la coincidencia temporal, el “encuentro” de las mismas constelaciones ideoafectivas reprimidas en el mismo momento de tiempo.
Todos estos sueños telepáticos poseían ciertos rasgos comunes: 1ọ, sólo ocurrieron cuando