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Un hombre de 20 años sufre en un accidente una lesión cefálica grave. Pasa dos años con un cuadro típico postconmocional, después de lo cual sus síntomas se alteran súbitamente, siendo sustituido por un intenso prurito anal y trastornos de la visión.
En el psicoanálisis resultó que seis meses después del accidente el sujeto había iniciado una relación genital con una mujer mayor, situación que le fué imposible de mantener psíquicamente. Tuvo sentimiento de culpabilidad que reavivó otro anterior en relación con la madre culminando a los ocho años, en ocasión de una operación materna y de la represión de la escoptofilia del sujeto frente al órgano genital femenino. Efectuó una regresión anal, con temor a su hermano mayor, que adquirió características de perseguidor.
En la transferencia psicoanalítica el enfermo desarrolló un cuadro paranoide, con poderes mágicos de la orina y heces. El prurito anal dependía de su sumisión pasiva y los trastornos de la visión eran consecuencia de un esfuerzo para evitar la visión del genital femenino castrado.
Garma.