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Luego de señalar que alguna vez se ha dicho, no sin cierta justicia, que Freud se inspiró en Schopenhauer para escribir su Weltanschauung y que las filosofías de ambos han sido comparadas, encontrándose entre ellas numerosas analogías, tales como un común pesimismo, una idéntica visión sin esperanza del mundo, del hombre y de la sociedad y un idéntico sombrío realismo que descubre las raíces de la espiritualidad humana en la actuación de oscuras y primitivas fuerzas instintivas, el autor pasa a ocuparse, respectivamente, de la teoría general de la vida en ambos pensadores, de su teoría ética y estética y de su concepción del amor.
Expresa que, a primera vista, la “filosofía general” de Freud parece ser la reproducción exacta de la del filósofo de Francfort. Aquélla, según es bien sabido, reduce el mundo y la vida en particular a la recíproca acción de fuerzas que cooperan o, lo que es aun más frecuente, que se hallan en conflicto entre sí. Luego de haber comenzado por establecer el contraste entre los instintos sexuales y los del yo, Freud hizo una distinción entre libido (instinto sexual o Eros) y Thánatos (instintos de muerte y destrucción). Siempre y en todas partes, en todas las esferas y en todos los' planos, estas dos fuerzas opuestas se manifiestan, y el hombre, que intenta con todas sus fuerzas alcanzar la felicidad, satisfacer sus necesidades y evitar el sufrimiento (principio del placer), no puede dejar de sentir las repercusiones, generalmente dolorosas, que producen en el grupo la expresión de sus impulsos eróticos y agresivos. El sufrimiento le amenaza desde tres direcciones simultáneamente: “desde su propio cuerpo, condenado a la desintegración y la disolución; desde el medio, cuyas fuerzas físicas de destrucción yacen incesantemente en su acecho, y desde la sociedad, que constantemente coharta la libertad de sus movimientos”.
Dice el autor que Freud, en una palabra, reduce la mente, los sentimientos superiores y la voluntad a una actuación instintiva de