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El autor refiere que el psicoanálisis ha esclarecido muchos de los problemas presentados en el teatro, pero casi siempre en relación con el contenido de la obra, ocupándose poco, en cambio, del significado de la representación misma.
Reconoce que Freud fué quien vislumbró por vez primera la vinculación que existe entre el arte en general y la magia (Totem y tabú). Concordando con la opinión de Freud, expresa que llegó a la conclusión de que la esencia inconsciente de la representación teatral es la creación mágica del mundo, observando el efecto que producía una obra popular mediocre, representada por actores aficionados pertenecientes a la clase obrera, sobre un auditorio de la misma categoría.
En la escena, una parte de nuestro mundo parece revivir y, por consiguiente, tiene el mismo significado que los juegos de los niños: un acto de creación mágica, a tal punto que en inglés, a ambas actuaciones se las denomina con la misma palabra (playing).
De manera que, tanto el representar una obra como el asistir a ella en calidad de espectador, es un placer narcisístico e implica una regresión al estadio infantil de creación mágica del mundo.
Juan Carlos Bisi.