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Toda persona que sufre de sentimientos de inferioridad descubre en los demás cualidades exageradas y se considera lleno de defectos.
Este estado es una cristalización de la edad mental en que la lógica de las relaciones no existía todavía.
Por el hecho de no conocer lo relativo, el niño se juzga tonto o feo en absoluto, y aunque su yo opone una protesta narcisística a este juicio, esta defensa no lo saca de su conflicto, hecho éste que parece deberse a dos causas:
1ọ A que el niño se defiende contra sus sentimientos de inferioridad con sus pensamientos autísticos y no con argumentos tomados de la realidad.
2ọ A que el juicio interno que lo condena a verse tonto o feo proviene en parte del superyó, que impone su voluntad, aunque el yo rehuse aceptarla.
Es generalmente la actitud de un adulto la que provoca sentimientos de inferioridad en el niño, y así como el superyó se forma con la internalización de los juicios morales del adulto, los intelectuales y estéticos se asocian para formar otra parte del superyó que alimentará los sentimientos de inferioridad.
Desde el punto de vista de lo consciente se puede decir que el niño no ha conseguido evolucionar de lo absoluto a lo relativo.
Visto desde el inconsciente, tres causas parecen las más importantes: el complejo de Edipo, un conflicto de celos y el temor de no ser querido.
La influencia del primero en la formación del superyó es demasiado conocida para ser necesario detenerse sobre él. En cambio, considera el autor que en toda persona que sufre de sentimientos de inferioridad existe un conflicto de celos no resuelto. En la niña es a menudo la envidia del pene.