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En la película La dama y el fantasma (The ghost and Mrs. Muir) excelentemente realizada e interpretada, el enfoque del problema edípico y su irresolución es presentado de una manera bastante transparente. Esta es quizá la razón principal por la que muchas espectadoras expresan una sensación de desagrado y
repudio ante el tema planteado en forma tal que se arriesga hasta la evidencia.
Se describe la historia de una joven señora, quien después de un año de viudez decide irse a vivir apartada en compañía de su hijita y de una criada fiel (la buena madre y la buena hija), abandonando a su suegra y cuñada después de una escena bastante violenta (la madre mala y la hija mala). Elige como residencia un lugar solitario de la costa donde va a ocupar una casa que nadie quiere y que incluso el locador no desea alquilarle. El misterio de este rechazo queda develado en la primera visita a la casa en cuestión, puesto que la misma está habitada por un fantasma, quien se revela por una carcajada estentórea que hace huir hasta la carretera a Mrs. Muir y al pusilánime agente de propiedades. Este le confiesa que se trata del fantasma de un capitán de la marina que se suicidó en la casa y que desde entonces ahuyenta a todos sus posibles ocupantes. La joven y testaruda Mrs. Muir decide quedarse y a los pocos días de habitarla se le aparece durante una siesta, a las 16 horas, el capitán fantasma (que, dicho sea de paso, necesita abrir una ventana para entrar a la habitación). Al despertar, ella tiene la sensación de haberle visto en sueños. Pocos días después el fantasma se hace visible a Mrs. Muir y el desarrollo aparente de la película gira entonces alrededor del romance, sin contactos ni alusiones directas, entre el ser inmaterial y la mujer de carne y hueso. La vinculación sublimada de ambos les lleva a realizar un libro que ella escribe y él dicta (una forma de fecundación y gestación intelectual) y que conduce ulteriormente a la joven viuda a dirigirse a Londres para colocar la ob