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En la autobiografía de Gandhi titulada El relato de mis experiencias con la verdad y publicada en su idioma natal, el gujerati, hallamos ciertas expresiones
del conductor espiritual de la India que se prestan para establecer una somera semblanza psicoanalítica del mismo.
Dice el Mahatma Gandhi de su madre: “La impresión más sobresaliente que me dejó mi madre es la de santidad. Era profundamente religiosa. Jamás se le ocurrió comer antes de realizar sus oraciones diarias. Hasta donde alcanza mi memoria, no recuerdo que alguna vez haya descuidado el ‹chaturmas› (período de semiabstinencia o semiayuno que dura cuatro meses en la época de las lluvias). Hacía los más duros votos y los cumplía sin desfallecer… Aceptar dos o tres ayunos consecutivos no era nada para ella. Alimentarse una vez por día durante el chaturmas era en ella una costumbre. No contenta con ello, ayunaba por completo cada dos días durante un chaturmas. Durante otro chaturmas hacía votos de no alimentarse sin antes ver el sol. Nosotros los chicos permanecíamos espiando el cielo, esperando anunciar a nuestra madre la salida del sol. Corría afuera para verlo con sus propios ojos; cuándo el fugitivo desaparecía, ella se privaba de todo alimento. ‹No importa —decía alegremente—, Dios no quiere que coma hoy›”.
Al respecto dice de sus propios ayunos, que los realiza puramente por razones morales aunque tal cosa le sirva como arma para enfrentar a los ingleses: “Nunca pienso conscientemente en ayunar para salir de la prisión.”
Su apellido significa almacenero. El padre, valiente e incorruptible, se casó cuatro veces y él es hijo menor del cuarto matrimonio. Según la costumbre hindú lo comprometieron de niño; estuvo por casarse tres veces y las tres jovencitas fallecieron. Por fin casó a los trece años