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En ciertos casos, el fetiche tiene un claro simbolismo de vagina o de madre. El fetichista se suele satisfacer introduciendo dentro de él una parte de su cuerpo, que representa el pene del padre, al que le es permitido el coito, y también el sujeto mismo, como niño pequeño.
Siendo el fetiche, ordinariamente, un objeto sin valor, maloliente, usado y sin vida, se le puede interpretar como excremento, posiblemente de los padres. Esto coincidiría con la opinión de Melanie Klein acerca de los deseos del niño de apoderarse de los contenidos, en excrementos, del vientre paterno y sobre todo del materno. Aunque, siguiendo a C. D. Daly, se puede suponer que detrás de tales deseos se hallan otros, reprimidos, hacia la vagina de la madre.
Garma.