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La importancia de los disturbios del yo, tanto en los pródromos como en la sintomatología establecida de la esquizofrenia, justifica un vivo interés por el estudio de su estructura en el niño preesquizofrénico. Este estudio puede esclarecer el discutido problema de la elección de la neurosis o de la psicosis. También es posible que en algunas circunstancias las psicosis específicas estén determinadas por las precoces características del yo. Desgraciadamente, la psiquiatría clínica ofrece informaciones poco satisfactorias sobre las personalidades esquizoides, puesto que son estudios descriptivos sobre personas adultas, y no informa sobre la psicodinámica o la psicología del inconsciente. También las deducciones psicoanalíticas son poco concluyentes, porque el psicoanálisis de niños esquizofrénicos, aunque importante, interpreta una psicosis establecida y no los prerrequisitos para una psicosis. Sería, pues, necesario realizar estudios comparativos de niños “normales” y esquizoides. En este sentido son importantes las conclusiones a que llegó Despert, particularmente la que se refiere a la unidad de la personalidad de los niños “normales”, en contraste con el debilitamiento de la síntesis del yo en los esquizofrénicos. Existe también una diferencia en el juicio de la realidad; debido a la característica volitiva de la fantasía de los niños normales, no se la puede comparar a la doble orientación encontrada en ciertos esquizofrénicos. Los niños de dos a cinco años pueden distinguir el pensar del fantasear. En éstos no es posible demostrar actividades delirantes, alucinaciones u otros disturbios propios del pensamiento esquizofrénico. Las características de las fantasías son diferentes en los niños normales y en los esquizofrénicos o preesquizofrénicos. Las fantasías del esquizofrénico tienen por objetivo el apartamiento de la realidad; en cambio, la fantasía del niño sano tiene por finalidad una experimentación y preparación para el dominio de la realidad. Ésta sirve a